- «Es constante en los poemarios de Sara Herrera Peralta una reiterada crítica de la vida contemporánea». Alberto García-Teresa para la revista Artes Hoy. Febrero de 2012.

- «Una voz sensible y potente. Un lenguaje insólito y un sentido de las cosas (los objetos, los lugares, las sensaciones) muy particular. Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, 1980) es una de las poetas españolas actuales más reconocibles». Jara C. para La Planta Baja. Febrero de 2011.

- «Sara Herrera Peralta, poco a poco, se ha hecho un hueco en la muy superpoblada república de los versos».  Saúl Fernández para La Nueva España. Febrero de 2011.

- «La de Sara Herrera (Jerez de la Frontera, 1980) es una de las trayectorias literarias más prometedoras de la última década». Rafael Balbuena para La Voz de Avilés. Enero de 2011.

- «La voz de Sara es de las más interesantes, personales y críticas de los poetas contemporáneos». Sofía Castañón en su blog, http://mundoiconoclasta.blogspot.com. Enero de 2011.

- “Los versos de Sara Herrera Peralta ni minimizan ni abrevian pero tienen la intensidad propia de los mensajes apremiantes. (…) La visión crítica de este mundo que late expresada con lucidez y fuerza. Poesía urgente, porque es el tipo de poesía que en estos tiempos hace verdadera falta”. Sofía Castañón. Extracto del texto de contraportada de Sin cobertura. Octubre de 2010.

- “Con dos libros en la calle y otros dos a punto de salir, su nombre empieza a ser considerado entre las voces con más futuro de la joven poesía española”. Angélica Tanarro para El Norte de Castilla. Marzo de 2010.

- “Su poesía augura un gran futuro (…) forma parte de una nueva generación de poetas, en su mayoría mujeres que tienen como característica principal su juventud y que hacen de la poesía una forma de vida”. Silvia Rodríguez Rico. Diciembre de 2009.

- “Perfecto libro de una joven poeta que con esta madurez nos predice altas cotas…” Francisco Basallote. De De ida y vuelta en Papel Literario. Octubre de 2009.

- “Sara Herrera Peralta tiene voz propia. Esta es la frase que todo poeta quiere que escriban de él a lo largo de su carrera. Ella la ha encontrado joven”. José Manuel de la Huerga. De De ida y vuelta en La tormenta en un vaso. Septiembre de 2009.

- “De ida y vuelta, el poemario de Sara Herrera Peralta que acaba de editar Difácil – obtuvo el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos -, justifica y otorga carne a esa tópica idea sobre la literatura como creadora de mundo – con Sara es verdad, y se envuelve en poemas excelentes”. Elena Medel. De De ida y vuelta en El Correo de Andalucía. Mayo de 2009.

- «De Ida y Vuelta es una obra espléndida que augura a Sara Herrera Peralta un relevante porvenir dentro de las letras españolas ». Antonio Sarabia en Los Convidados. Abril de 2009.

- "Sara Herrera Peralta, jerezana de 28 años, ha logrado dejarnos a todos sobrecogidos con una poética nada tópica, comprometida y hasta combativa, sin perder en ningún momento el lirismo y, algo muy importante para el lector de poesía, conservando la autenticidad o, al menos, evitando la rebeldía impostada. El título de su libro es un guiño a su tierra, pero no hemos de dejarnos engañar: su esencia es la de la vida en las grandes urbes, los viajes en metro, el sentimiento de aislamiento, la desesperación, la ausencia de empatía". De De ida y vuelta,  Organización del Premio Internacional de Poesía Joven Martín García Ramos. Enero de 2009.

- "Sara transforma ese cotidiano periplo subterráneo en un hermoso y desconsolado monólogo en el que el metro parece abandonar su itinerario habitual para adentrarse en un insólito, perplejo, oscuro, agobiante, pero siempre poético y a fin de cuentas esperanzador recorrido por las profundidades del alma". Antonio Sarabia. De De ida y vuelta en Los Convidados. Marzo de 2008.

- "Una poeta en busca de tema: nada preocupante. Lo decisivo -una voz propia- ya lo tiene". A. Sáenz de Zaitegui. De La selva en que caí en El Cultural, Diario EL MUNDO, noviembre de 2007.

- "De verso vibrante, más cálido que armónico (...). Un primer paso poético, sin duda prometedor". Jorge de Arco. De La selva en que caí en Información, sección Cultura, julio de 2007.

- "Una mirada tierna e irónica sobre lo cotidiano". Juan Antonio Cardete, Director de La sombra del membrillo. Nº 8, junio de 2007. 

- "Poesía de alto nivel, con fundamento, la que presenta Sara Herrera Peralta en su primer libro: una poética firme, rotunda y libre de ecos que distorsionen su intensidad y personalidad, rebosante de esto último. Una poeta cuya entrega inicial la convierte en una de las escritoras que yo prefiero como compañeras de viaje". Elena Medel. Extracto del prólogo de La selva en que caí, abril de 2007.

 

 


 

SHOCK. 23 de febrero de 2012. Reseña de Shock (Baile del sol, 2011). Autor : Alberto García-Teresa. Revista Artes Hoy.

Es constante en los poemarios de Sara Herrera Peralta una reiterada crítica de la vida contemporánea, la cual se halla, en sus textos, ahogada por el trabajo y el consumo. De esta manera, la escritora sabe hábil y progresivamente, conforme se suceden sus publicaciones (desde Sin cobertura, que recoge las piezas de su primer poemario escrito, aunque ya había publicado La selva en que caí, así como en De ida y vuelta o su espléndido Provocatio), construir un registro muy frío, que roza la asepsia, pero que, en el fondo, proviene de la desolación, y que resulta coherente con su denuncia social. Shock, su último poemario, avanza en esa denuncia al enunciar el conflicto socioeconómico en primera persona exclusivamente, frente a otros poemarios en los que se acercaba desde fuera, en segunda o tercera persona.

A través de escenarios urbanos cotidianos, singularmente fríos (como los vagones de metro en los que se emplazaban los poemas de parte de De ida y vuelta), Herrera Peralta demuestra que parte de una concepción no sacralizadora de la poesía, que no excluye nada del ámbito de lo poetizable, hasta el punto de introducir no en pocas ocasiones onomatopeyas en sus piezas. Además, con frecuencia, la autora expone en sus composiciones versos que aplican una mirada casi cinematográfica a las escenas, al plasmar descripciones de objetos u observaciones siempre yuxtapuestas.

En ese sentido, la mayor parte de los poemas de Shock responden a unos acontecimientos encadenados (como resulta una primera visita a una oficina del INEM). De esta manera, la autora establece una línea narrativa débil, pero que da sentido al conjunto y que potencia cada texto. Por otra parte, se insertan en los versos diálogos de lo que está sucediendo, que se cuelan entre los pensamientos del «yo» que conforman los poemas. Al respecto, resulta muy interesante este procedimiento de contraste entre dos mundos, que se mantiene a lo largo de todas las piezas ubicadas en ese marco.

El registro de Sara Herrera Peralta constituye una voz llena de rabia contenida («yo vine para quedarme / y voy a molestar lo máximo posible»). Mediante ella, atravesada por las dudas y la incertidumbre, Shock expresa predominantemente la angustia ante la anulación y la perspectiva de que sentirse fuera del circuito laboral supone ser excluido de la sociedad. Pero la escritora se rebela con firmeza a ser insertada en ese paradigma. Con todo, la poeta principalmente aborda el problema de la alienación en nuestros días. Así, remarca la fatal entrega de su energía que llevan a cabo las personas a sus respectivas empresas, que vacían e idiotizan por agotamiento a sus trabajadores.

Así, la escritora se muestra muy beligerante con los distintos métodos de control social actuales, especialmente sutiles, que tratan de mantener a la población en el infantilismo y en el individualismo para garantizar su sumisión.

A su vez, supone uno de los ejes de ese retrato de nuestro tiempo la denuncia ecológica, que se une al desmoronamiento generalizado de lo vivo. La contaminación, por tanto, también resulta una metáfora del abatimiento del ser humano en la sociedad actual, que une la congestión física con la angustia vital. Así, constata una degradación física, medioambiental y psicológica a causa del capitalismo que llega a provocar extenuación. Especialmente, se refleja un entorno urbano insalubre a raíz del productivismo, que es el medio más inmediato en el cual se ubica el ser humano y, más en concreto, el «yo poético». Por tanto, la poeta presenta un paisaje industrial, deshumanizador y desnaturalizador, en donde se trata de ocultar una miseria insilenciable, que pone de manifiesto las contradicciones de nuestra sociedad.

Todo eso consolida una atmósfera y una perspectiva muy pesimista sobre la existencia, con énfasis en la crítica de la apariencia que domina nuestro sistema de valores. Igualmente, denuncia la mercantilización de la vida; la presente y la que se espera para el futuro. Por otra parte, también se cuela en su poesía una denuncia de la desigualdad entre sexos, incidiendo en la supeditación social (y en los convencionalismos que la sostienen) de la mujer al varón.

En suma, buena parte de la obra de Sara Herrera Peralta aborda la deshumanización y la despersonalización, y este poemario contribuye a cimentar esa línea a través de un tono pulido y contenido. Por tanto, Shock retroalimenta una visión muy crítica de la sociedad situándose desde la perspectiva del ser humano que se encuentra abrumado por ella.

 

 

PROVOCATIO. 11 de abril de 2011. Reseña de Provocatio (Premio Ana de Valle – Ayto. de Avilés, 2011). Autor : José Ángel García Caballero. Revista Koult.

Miedo de cristales rotos.

El lenguaje es el mecanismo que posibilita la convivencia con el entorno. La historia nos dibuja las épocas donde esa convivencia se hace más tensa o más fluida. Cuando las entrañas del primer mundo se enfrentan a la digestión incómoda de complejas crisis financieras y políticas, el ciudadano puede sucumbir al marasmo de impactos propagandísticos que le hablan de su forma de vivir y de su futuro en términos deterministas. O puede refugiarse en las palabras, ese puente hacia la habitabilidad de la ciudad esquiva. Es el camino que escoge Sara Herrera Peralta en Provocatio (Ayto. de Avilés, 2010), su último libro, que resultó merecedor del XVIII Premio de Poesía “Ana de Valle”.

Dividido en dos partes: El sueño sobre la ciudad trazado. Consequences y Los habitantes despliegan banderas o The city has left them deeply disbturbed; en él, la autora busca delimitar con palabras el espacio donde interactúan las sociedades contemporáneas en la época de la llamada globalización. Para ello, se sirve de elementos rescatados de la imaginería de la cotidianeidad occidental (supermercados, máquinas tragaperras, agencias de viajes, artículos domésticos…). Así, hablará del individuo alienado a causa de la sociedad de consumo y de sus temores: como ese estruendo,/ los habitantes siguen pidiendo auxilio.

Es interesante la propuesta de Sara Herrera porque realiza aportaciones que van más ella de los clichés reivindicativos asociados a la etiqueta de poesía social. Ella adapta bien la palabra al contexto, una de esas aportaciones es la de configurar el espacio urbano como un ente vivo con personalidad, de ahí el título de la segunda parte del libro, donde sin nombrar la ciudad, la autora dibuja ese escenario de apagón de la individualidad al sumirse ésta en las necesidades alimenticias del espacio urbano: La muerte es, para muchos,/ el premio al final del camino.//El ser humano, un animal/ con forma de máquina tragaperras.

Esta desfiguración del gesto del sujeto cívico es la consecuencia del declive de los sueños (Toda semblanza/ parece estar ya escrita) sugeridos en la primera parte del libro. Allí la ciudad con rostro de fábrica se convierte en el agente transformador de la materia: El humo de las chimeneas: / ése es el único temblor/ que se eleva por los aires.//La ciudad es una fábrica, gris y oxidada./ Están mandando cambiar los sistemas económicos,/ la composición de los elementos. Pero, a pesar de esta descomposición, la autora sigue buscando los instantes que revelen la presencia del individuo, como en la bella metáfora que concluye el primer poema del libro: En la teletienda/ están vendiendo abrefáciles para quitarle la piel/ a los desechos. // ¿Por qué sigues llorando cuando pelas la cebolla?

Verso libre y ritmo de significación medido. En este poemario, Sara Herrera busca sugerir con fotogramas de palabras el escenario donde habita la conciencia de la sociedad contemporánea. Tal vez por ello, esté muy presente la primera persona del plural (Somos cáscara,/ algo que cuelga con pinzas/ en el tendedero), que enfatiza ese determinismo hacia el vacío que dibujan los intereses económicos.

El historiador inglés Eric Hobsbwam dijo en alguna ocasión que no era posible entender la economía del siglo XVI sin leer a Shakespeare. Aquí alertaba de lo peligroso que resultaba mutilar la conciencia del motor de la historia. Sara Herrera, desde el camino inverso, se da cuenta de que un individuo que desdeña la historia es un individuo que desdeña la conciencia: La historia se inventa:/ sólo se imprime lo que se pretende./ Órganos comestibles/ para la masa.// El enfermo y el loco/ saben// que estamos al borde del abismo.

Un libro con aciertos importantes desde la sugerencia, que más que reivindicar, busca, a veces con desespero, el espacio de convivencia con la historia donde pueda erigirse la conciencia, o el lugar donde palpitan los miedos (Nuestros ojos han temido/ a la barbarie). Resultado que consigue, la mayoría de las veces, desde la belleza compositiva, aportando una mirada inteligente y medida a la realidad que nos circunda.

 

PROVOCATIO. Febrero de 2011. Reseña de Provocatio (Premio Ana de Valle – Ayto. de Avilés, 2011). Autor : Saúl Fernández. La Nueva España.

Tres cuartos de versos

-Los aldabonazos en el alma de Sara Herrera Peralta-


Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1980) escribe en Provocatio, su último libro: "Ella tiene los años escritos/ uno a uno en las muñecas/ y las noches contadas/ en las yemas de los dedos./ Vive en el cuarto piso de una VPO/ y tiende en las ventanas:/ la ropa colgando,/ la casa sucia,/ la puerta abierta". La musa de Sara Herrera Peralta, como la de Luis García Montero, viste con pantalones vaqueros. Poemas de verdad, pero con pinta de ser mentira. La andaluza versifica una continuidad de vidas tristes, de lágrimas rotas, teletiendas, mercadonas... "Amar es el verbo débil/ la constancia de las rocas". Herrera Peralta es una mujer dura.

Con Provocatio la escritora andaluza se llevó el premio "Ana de Valle", el único que promueve el Ayuntamiento de Avilés, uno de los pocos que sólo pueden ganar mujeres... y es que el de Avilés es un Ayuntamiento con conciencia: pocas mujeres poetas, un premio para todas las mujeres... Lo malo de las ediciones oficiales es que tienen una distribución clandestina. Uno se hace con el galardón, cobra el cheque, ve su libro publicado y, al final, fuese y no hubo nada... Si encima el libro laureado es de versos, las posibilidades, los lectores, se abrevian. Y así es como se pierden aldabonazos en el alma, poemas de Sara Herrera Peralta, cadencias de ciudad en ruinas.

La escritora andaluza y su musa vestida con jeans tienen ya un largo recorrido. La poesía más moderna se lee en blogs, en páginas de Facebook. Las maneras de recogerse el pelo dan vueltas y revueltas; La Bella Varsovia cada día es más bella. Herrera Peralta circula por el mundo binario y asiste a encuentros de esos que queman la ciudad (no hace demasiado, en Oviedo). Herrera Peralta cuenta la vida y le clava sus cuchillos. "Las palabras tienen vértigo", dice en un momento de esta Provocatio. Las palabras, vertiginosas... y un redoble de conciencia. "Ella tiene los años escritos".

 

 

PROVOCATIO. Enero de 2011. Sobre Provocatio y el resto de los libros, con motivo de la publicación del poemario que obtuvo el Premio Ana de Valle. Autora: Alba González Sanz en su blog Life from a trapèze

Leí el primer libro de Sara Herrera Peralta (La selva en que caí, Torremozas) hace unos tres años. Era mi primera independencia madrileña, en aquella casa con tantos fantasmas literarios (esa historia que siempre gusta contar, que queda para otro día). Para la segunda Ciudad en Llamas la conocimos en persona y venía ya con De ida y vuelta (Difácil) recién publicado. Desde entonces nos hemos visto un par de veces más casi siempre con la excusa de los libros. No pude estar para Sin cobertura (la bella varsovia) pero sí fingiendo conocer Avilés cuando hace cuatro días se presentó Provocatio (Ayuntamiento de Avilés).

Me extiendo en los prolegómenos pero son cuatro libros ya. Sobre cuatro libros podemos decir unas cuantas cosas. En mi caso que no tengo un preferido aunque hay algo en este último que conecta con la que es mi vida ahora y por eso su llegada ha sido diferente. También podemos decir que la publicación es un camino complejo que genera acumulaciones de textos que en realidad tienen sus ritmos, con lo que de nuestro lado queda leer el conjunto con las justas respiraciones.

Hay dos cosas que cuando se ponen de moda en literatura suele ser para mal: una es lo popular, otra las mujeres. Así que cuando una se cruza con poetas que entre otras muchas cosas conjugan bien cualquiera de estos dos elementos puede considerarse feliz. Hay varias poetas españolas contemporáneas que lo están haciendo bien en ambos frentes: lo popular sin la conmiseración, las mujeres sin el exotismo. Sara Herrera Peralta es una de ellas y su último libro podría ser un buen ejemplo.

También hace otras muchas cosas bien: construir su voz, introducir el mundo moderno del trabajo, del éxito, de la velocidad en una poesía que a la vez tiene un sujeto protagonista. Pero afectado transversalmente por el mundo. Irremediablemente acompañado. Hace bien hablar de amor: lo ha hecho desde el desgarro en el primer libro y desde cierta celebración, cierta plenitud, en el segundo.

Hay un savoir faire para que lo íntimo quede del lado compartido y éste se desarrolle en la intimidad. Hay un lenguaje directo cuando es preciso y un preciosismo que no cansa cuando se hace necesario. Son cuatro libros, lo he dicho. Por ellos laten los pulsos de Sara Herrera Peralta en varios idiomas, en varias ciudades. Sin hacer ostentación. Que sí, que París nos gusta a todas. Pero eso lo sabemos antes de ponernos a escribir, por lo tanto contarlo sin ser/estar en el país vecino es redundar.

He abierto este nuevo blog/cosa/cómo-se-llame porque últimamente siento la avalancha de las muchas palabras que me cruzo al día, de los muchos pensamientos que llegan en fogonazo destinado a desaparecer si no tomo notas. El formato parece entonces el adecuado. Empezar hablando de Sara Herrera Peralta también.

Nos gusta Sara. No es un plural mayestático. Es algo como cierta noción de familia intelectual y de los afectos que llega antes que la amistad y cuyo proceso se parece al que generamos con algunos libros. Es algo como un compromiso que viene de la propia autora y que sólo por casualidad se ha concretado en la persona. Casualidad… o no. Si hablamos de compromiso en condiciones entonces sabemos que nada es fortuito, que la vida (o el discurso, o la voz) toca pelearlos. Y entonces sí, entonces entendemos el provocar.



DE IDA Y VUELTA.
Mayo de 2010. Reseña. Autora: Laura Casielles. Revista «La madeja».

Pese a lo que anuncia el título, De ida y vuelta es el fresco de un viaje que no ofrece regreso. Sara Herrera Peralta nos conduce desde una estación bien conocida ("Una vez creí que la vida estaba muerta, me adentré en el túnel escaleras abajo,/ me pidieron un ticket, pasé por taquilla. No debiera ser tan obediente") hacia una ciudad, un mundo, subterráneos y agrestes, en los que nada es fácil. Allí, un trayecto cualquiera, bajo la lupa del detalle, revela sus sombras, trampas y fantasmas a través de los más desposeídos de los compañeros de ruta, a través de las paradas más amargas de nuestros recorridos cotidianos.

Como en toda expedición que observa lo diferente, estos versos que van marcando paisajes desconchados y destinos que se frustran son a la vez un viaje hacia uno mismo, hacia lo extranjero que nos habita, hacia el desconocimiento.

Sara Herrera nos ofrece la ida. Para la vuelta, sólo nos deja "el consuelo de los expatriados, una cierta esperanza, algo de amor, el silencio más allá de la locura/ y de cualquier frontera ».

 

 

DE IDA Y VUELTA. Diciembre de 2009. Crítica. Autora: Silvia Rodríguez Rico.

A sus 29 años, esta jerezana, residente y estudiante en París, nos contagia de la frescura de los helados de pitufo presentes en la niñez de varias generaciones, de referencias al pop art en sus tomato soup y pasta de dientes.

Con este pasado y sus numerosos poemas publicados en revistas literarias y antologías además de sus premios recibidos (VII Premio Internacional de Poesía Joven Martín García Ramos - Difácil 2009, premio Voces Nuevas de Poesía 2007), tenemos la cer(t)eza de que De ida y vuelta no nos defraudará.

Nos adentramos en sus páginas testigos de la madurez e inteligencia de su autora y después del segundo verso ya nos damos cuenta de que es un viaje sin retorno a través del mundo y de sus gentes, de las sensaciones que encontramos en los a veces solitarios viajes de la vida. ¡El título es una trampa querido lector! Sara Herrera Peralta le ofrecerá el billete de ida pero no el de vuelta.

El poemario se divide en dos partes, la primera parte hace referencia a las gentes y los sentimientos que encuentra en los cotidianos viajes en tren parisinos o desde las tierras galas a la madre patria. Esos pequeños viajes que pueden resultar tediosos o insignificantes en la realidad, pero que en la mano de Sara Herrera cobran importancia y los vagones se llenan de sentimientos, y de personajes con sus historias. En la otra parte del libro que no tiene por qué ser segunda, los viajes alcanzan altos vuelos y tomando como medio de transporte el avión y titulando a sus poemas con las iniciales de las ciudades de destino que aparecen en las pegatinas del equipaje, sus viajes logran superar la barrera temporal y nos hablan de historias y sentimientos universales. Estos viajes se pueden leer como muchos en uno y como uno en muchos, ya sean viajes reales o imaginarios, literales o metafóricos. Además todos los poemas van encadenados como si de un cuento se tratase. Cuentan una historia clara y a su vez nos describen un viaje intenso. A lo largo de sus páginas vemos el valor de las pequeñas cosas que realmente sólo pueden apreciar las almas apátridas.

Su trazo poético transmite personalidad y seguridad. El lenguaje es sencillo y las referencias metafóricas cotidianas. Dando a la lengua castellana un delicado toque francés, se atreve a jugar con su lenguaje natal que maneja como plastilina. Acercándose de este modo al arte de la escultura pues con las sencillas formas que logra que adquiera la palabra nos transmite y nos cuenta historias llenas de sentimientos.

Su poesía augura un gran futuro. Ya en el prólogo, Antonio Sarabia nos revela que el testimonio de Sara "no corrompe el símbolo, lo actualiza". Y amadrinada en su primer poemario, La selva en que caí, por la también joven poeta Elena Medel, podemos observar que son parte de una nueva generación de poetas, en su mayoría mujeres que tienen como característica principal su juventud y que hacen de la poesía una forma de vida en esta era de la información en la que internet con sus blogs y fanzines, y los numerosos festivales poéticos que tienen lugar a lo largo del año en nuestro país hacen que instantáneamente los versos y sus influencias lleguen a todos los creadores, trazando de este modo a nivel europeo una tela de araña poética que hace resurgir un género que hasta hace algunos años no vendía en las librerías.

- Silvia Rodríguez Rico -

 

 

DE IDA Y VUELTA. Fuente: La tormenta en un vaso. 14 de septiembre de 2009. Crítica. Autor: José Manuel de la Huerga.

«Hay una ciudad sumergida bajo tierra». He aquí un verso inicial que abre el mundo. Y la poeta nos lleva a hacer el viaje. El trayecto, primera parte del libro, se corresponde con la Línea 6 del metro parisino. Cada una de las estaciones tiene su poema. Siguiendo la milenaria tradición del viaje a los infiernos como método de descubrimiento y conocimiento de lo que está encima y se llama vida, y no entendemos, Sara Herrera Peralta carga su voz con la potencia del iniciado en los misterios del submundo: «En esta parada dibujamos círculos de oxígeno para el horror de la existencia. (…) El futuro es un vagón de metro». Más incluso que la del iniciado, seguir a su lado es garantía de no perderse: «Un asiento libre: /en otro tiempo, en una época en que la belleza no era necesaria, /se produjo el movimiento de la Tierra. Llegaron los ciclos». La voz de la escritora es capaz de dar una explicación casi científica a nuestra existencia.

Pero no creo que sólo ésta sea la intención del trayecto. Más bien mostrar la injusticia de las normas del juego de la vida: «Pero he escupido a los culpables del exterminio. He maldecido a todos. /Y éste es mi llanto», son los tres últimos versos del poema que abre el libro. Luego vienen los cuadros donde intuimos personajes y situaciones, borrosas por el efecto de las tinieblas: «sans paroles, le silence, Amamantando con hambre en la boca, Un miedo a los otros, El vagón de metro inventa un lenguaje para todos, un argot moderno, En cada asiento libre hay un ojo directamente perpendicular al epicentro de mi cuerpo, La mitad visible y la invisible se separan. Los amantes…»

Un texto redondo, con cuerpo, con vocación de explicar este mundo. Quizás hablar de un impulso existencial al modo de un Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, con verso largo y sentencioso, «Madrid tiene un millón de muertos…», sea un traje cortado poco a su medida. Pero sí que percibo un aliento de ver más allá de lo que vemos, de darle al poeta la función de médium, de vate vago que señala, apunta y dispara para hacer notar lo inexplicable. Lo que Sara Herrera anota en su cuaderno de viaje es una manera de mirar más allá de sí y de involucrar al género humano: «Con los mismos difuntos, con los mismos hijos, /formamos el vagón y su sustancia». Como la mujer con alcuza de Alonso lleva el cántaro vacío y atraviesa vagones vacíos buscando y buscando. Al final del túnel está la luz, y más allá de la luz, más luz, mientras viajemos: «Hay quien dijo que queda la luz, siempre, donde vayamos. /Yo creo en todo eso. / Y más, allá, aún.»

La segunda parte, El viaje, está formado por poemas radiales. Sus títulos son el destino en clave de ciudades del mundo, con las siglas que ponen en la etiqueta de nuestra maleta cuando facturamos: FCO, WAW, PRG, GRU… Por eso me aventuro a escribir que los poemas son radiales: desde París la voz de la poeta viaja a Fiumicino, Istambul, Helsinki, Johannesburg, Sao Paulo-Guarulhos…

Y aprovecho ahora para hacer una pequeña consideración sobre el título del poemario: De ida y vuelta. Daría la sensación que ida se corresponde con la primera parte y vuelta con la segunda. Es obvio que no. El trayecto de la primera parte es una ida en la Línea 6 del metro de París, sin posible retorno. En ese viaje a la oscuridad vamos todos. Vuelvo a escribir, «El futuro es un vagón de metro». El viaje de la segunda son muchos viajes con epicentro, vamos a creer que en París: son sueños, deseos de lugares fríos o cálidos, de cualquier parte del planeta, ciudades, sí, sobre todo ciudades atestadas, hacia el pasado, las veladuras que las ocultan… (Absténganse los coleccionistas de postales del mundo de buscar la coherencia entre la guía de viajes oficial y los poemas de Herrera Peralta.) De ahí que el título de De ida y vuelta quede cojo en una sola lectura. Sara Herrera nos ofrece la ida del trayecto en metro o de los viajes en avión a los cuatro puntos cardinales. ¿Quién pone la vuelta? ¿Hay vuelta? Suponemos que la haya, si hay algo de esperanza y si el globo terráqueo no es una forma de mentira. La propia voz poética nos da una respuesta: «No importa el viaje./ No importa el destino,/ tampoco el tiempo./ Sólo queda el recorrido». Estamos en continuo movimiento, no hay quien se baje.

La segunda parte del poemario tiene la energía y la seguridad de las grandes composiciones de los poetas visionarios. En ella he escuchado el aliento de Rimbaud, de Álvaro de Campos, de Walt Whitman. Con qué seguridad escribe Sara Herrera Peralta: «Me inventé todos los rostros y todos los caminos». Y un poco más adelante: «Hoy soy todos los paisajes que quise ser,/ todos los destinos en un espacio ingenuo,/ impuro». Se diría que estamos leyendo al Álvaro de Campos más sensacionista. Y sobre todo: «No me traigan compromisos». En una sentencia así de tajante cabe todo el hastío de vivir de un Campos/Pessoa. Pero para compensarlo a renglón seguido: «Porque resurjo».

La poeta es la que está más cerca de la vida, del núcleo de resistencia que llamamos vivir, y desde luego, es el que mejor lo explica, en sus contradicción, en su oscuridad. Y de ahí, sus ansias de llegar: «Admito que sólo busco/ la compactación de la esperanza: /el final del trayecto anticipado». ¿Con todas las consecuencias de llegar? ¿Sabiéndose cuál es siempre la estación término?

Sara Herrera Peralta tiene voz propia. Esta es la frase que todo poeta quiere que escriban de él a lo largo de su carrera. Ella la ha encontrado joven. Deberá investigar otros discursos si pretende llegar a otros destinos poéticos. Pero este viaje sentimental de ida y vuelta a nuestra condición de solitarios en manada ha resultado altamente provechoso y, desde luego, muy persuasivo. Son poemas para volver. La escritora pone la ida y el lector la vuelta.

-José Manuel de la Huerga-

 

 

LA SELVA EN QUE CAÍ. Fuente: El Cultural, Diario EL MUNDO. 1 de noviembre de 2007. Sección Poesía. Crítica. AUTORA: AINHOA SÁENZ DE ZAITEGUI.

Ocurre en las mejores familias: nos quedamos sin palabras, no encontramos la palabra exacta, no hay palabras para expresar lo que sentimos. ¿La culpa? Siempre del lenguaje, por supuesto. ¿Torpes? ¿Nosotros?  Palabras precisas y en abundancia posee Sara Herrera Peralta. Su opera prima, La selva en que caí, es una lección de cómo domar a la fiera: imágenes sugestivas – “El futuro tiene forma de huracán” (“Las sombras I”)–, metáforas evocadoras, ritmos hipnóticos –“y va cayéndose a trozos/ el corazón que me sostiene/ con las alas partidas / a pedazos” (“Cuando Walt Whitman tenía razón”)-. Encabalgamientos astutos como “construyo mi isla / desierta a ratos” (“La selva en que caí”) son desafíos a la ilusión de una semántica unívoca. Y los invitados chez Herrera Peralta respetan la idiosincrasia de su anfitriona: un tímido Góngora se asoma en “Qué tendrá en las vísceras/ –me pregunto–/ que intuye el final/ cuando aún no hemos / hecho polvo nada” (“Lo que queda”), mientras que “Los rostros” (“Terminales de llegadas y salidas / en un punto exacto de cualquier / aeropuerto. / El mundo es un hormiguero / cubierto de catástrofes”) se posa en la rama –húmeda, negra– de Pound. La lengua poética sabe quién manda aquí.

Lástima que la poeta no dé órdenes claras ni contundentes. Ocasionalmente, proyecta ideas sólidas y consistentes: “las mujeres somos todavía / aprendices de brujas o / hadas de un rosa desteñido / aún estoy a medio hacer” (“La selva en que caí”). Pero más frecuentes son los lugares comunes muy comúnmente tratados: es dudoso que versos efectistas sobre “los vientres de las madres que / amamantan con la leche del hambre” (“El solitario”) apelen a la conciencia social del lector con más eficacia que una imagen. Una de ésas que valen por mil palabras. Las que a Herrera Peralta no le faltan. Las que justifican que exista poesía en nuestro muy visual mundo. Una poeta en busca de tema: nada preocupante. Lo decisivo –una voz propia– ya lo tiene. 

 



LA SELVA EN QUE CAÍ. "Lírica de estío andaluza". Notas de un lector. Fuente: Información, 12-18 de julio de 2007. Sección Cultura. Publicaciones del sur. AUTOR: JORGE DE ARCO.

(...) Los primeros versos de Sara Herrera Peralta, jerezana de 1980, los leí en la vigésima selección de "Voces nuevas" de la Editorial Torremozas, aparecida el pasado mes de abril; eran cuatro poemas, el primero de los cuales, "Pre-ámbulo", surgía definitorio: "Reflejos./ Es todo lo que tengo./ Es todo lo que soy". Sólo un mes después, Torremozas alumbra el primer libro de esta joven viajera -San Sebastián, Helsinki, Málaga, París...- de verso vibrante, más cálido que armónico. "La selva en que caí" es su título, y en el poema del mismo nombre, hallamos un octosílabo no menos definidor que los versos antes citados: "Aún estoy a medio hacer". Lo que no es extraño tratándose de un primer paso poético, sin duda prometedor. Elena Medel, su prologuista, dice que "La selva en que caí" es un libro de honestidad afilada... un libro sincero". Y lo ratifico, tras hallar en su lectura ejemplos como éste: "El pasado es vil/ lección aprendida. El presente/ tiene llagas/ incurables./ El futuro/ es miedo agradecido".



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